Ocuparon los principales lugares en los medios durante los últimos siete días, aunque lo vienen haciendo desde hace años. Supieron hacerlo con los mejores trofeos en sus manos, pero en la actualidad se destacan por la irregularidad en sus resultados. Los jugadores de Boca, hoy dirigidos por Abel Alves, son los protagonistas del momento.
El plantel xeneize, conformado por una mezcla de históricos y nuevas promesas, tiene justamente en sus referentes al principal problema del momento. Las evidentes y ya famosas diferencias entre Martín Palermo y Juan Román Riquelme vienen derrumbando al equipo desde hace tiempo, por eso no es novedad que la falta de unión del plantel haga sus estragos dentro del terreno de juego.
Ahora bien, si a ese contratiempo le sumamos los errores defensivos que vienen sucediendo, encontramos la irregularidad que vemos en el Boca de hoy día. Las declaraciones encontradas entre Abbondanzieri y el Negro Ibarra horas antes del duelo ante Newell's fueron una demostración más de estos hechos. "Ante una pelota parada cerca del área temblamos", dijo el arquero ante los micrófonos. Se encargó de desmentirlo el defensor... pero el primer tiro libre del conjunto rosarino se transformó en gol el sábado por la tarde.
Retrocediendo en el tiempo, el fútbol de Boca no es el mismo desde hace cuatro años atrás. Con la recordada final perdida ante Estudiantes en 2006, con el entrenador Ricardo La Volpe señalado como el principal culpable de un torneo que parecía difícil de ceder. Luego llegarían meses y meses de incertidumbre, aunque con un éxito notorio como fue la obtención de la Copa Libertadores en 2007. Fuera de eso, ni siquiera el título del Apertura 2008 (con una definición en triangular junto a San Lorenzo y Tigre) convenció al hincha de que las cosas anduvieran bien.
Con la discutible decisión de la dirigencia de marginar a Alfio Basile de la conducción técnica en enero último, es Abel Alves el encargado de llevar adelante al plantel. ¿Es el indicado para hacerlo? ¿O acaso la solución más sencilla para salir del paso, y después veremos qué sucede? Lo cierto es que las semanas pasan y el juego no aparece.
Boca cuenta entre sus líneas a jugadores de gran jerarquía. Palermo sigue haciendo goles, y en su defecto tiene a un tal Viatri que cada vez que ingresa aporta como corresponde. Riquelme tiene la calidad intacta y lo demostró con una gran definición ante Argentinos en la primera fecha, aunque quizá su inactividad veraniega sea notoria en él. Gaitán muestra destellos de buen pie e inquieta a rivales en varios pasajes de cada partido. Méndez, Medel y Pedriger tienen la difícil tarea de contener un mediocampo que sufre la falta de Sebastián Battaglia. Y atrás... atrás es donde sobran dudas.
Porque la palabra jerarquía también los incluye a Abbondanzieri y a Ibarra, que junto a Paletta, Muñoz y Morel Rodríguez podrían formar una muralla inquebrantable, pero la realidad muestra que son una invitación para todo atacante de equipos contrarios. Siete goles en tres partidos recibió Boca en este Clausura. Misma cantidad que los realizados por sus delanteros.
El torneo recién comienza, y analizar la actividad de Alves podría resultar apresurado. Pero los jugadores, la base del plantel, es casi la misma desde hace tiempo. Por eso la preocupación. Por eso las dudas y los murmullos entre la gente cuando los resultados no aparecen. Porque hace cuatro meses que el xeneize no festeja en condición de visitante, y porque los visitantes le están perdiendo el respeto en su propia casa, la mismísima Bombonera.
Sería fácil condenarlos sólo por el partido ante Newell's, sería sencillo expresar barbaridades desde estas líneas por el simple hecho de una goleada en contra, pero lo que aquí intentamos destacar es que este presente es consecuencia de meses y años de diferencias internas. Diferencias que por momentos supieron ser bien disimuladas, pero que se hacen evidentes cada vez que los resultados desaparecen.
Es momento de que lleguen decisiones trascendentales. De observar la mano del entrenador Alves para decretar acciones contundentes. De esperar desde la dirigencia el apoyo hacia el actual cuerpo técnico para que esto suceda. Y que si el problema principal son los históricos, se pongan las cartas sobre la mesa y al jugador que le toque tenga la hombría de ceder su puesto al menos por un tiempo, que seguramente la profesionalidad que los caracteriza les permitirá comprender que quedar al margen, por la cantidad de partidos que fuera, implicará nada menos que un beneficio para el equipo entero.
Sebastián Louge