El espectáculo estuvo, pero el fútbol quedó un tanto de lado. Independiente volvió a ganar el clásico ante Racing si, sin embargo quienes somos espectadores neutrales de estos eventos de tamaña magnitud nos quedamos con sabor a poco.
La previa mostraba a una Academia envalentonada por su victoria ante San Lorenzo y la inminente llegada de Miguel Ángel Russo, un tipo que introdujo motivación y disciplina a un equipo que no encontraba su rumbo. En la vereda de enfrente estaba Independiente, catalogado por algunos como serio candidato, pero que en su última presentación había sido goleado por un Vélez "B".
Como lo marca el ABC del fútbol, las estadísticas y la historia no sirven de nada en este tipo de enfrentamientos, y como dicen las frases trilladas de los protagonistas: "estos son partidos aparte". Y así fue el desarrollo del encuentro, con un equipo local que intentó por todos los medios quebrar a su rival, pero la carencia de ideas y el nerviosismo generado a partir de su parcialidad hicieron inquietar poco y nada al arco de De Olivera. ¿De Racing? Basta con ver la impotencia de Gabriel Hauche en su expulsión para realizar algún tipo de análisis posible.
Independiente ganó como no podía ser de otra manera, un tiro libre penal. Darío Gandín supo aprovechar la única chance concreta de gol, y de esta manera le otorgó al Rojo la posibilidad de quedarse con los tres puntos, vitales para mantenerse bien arriba y además, poder gozar nuevamente a su eterno rival.
Matías Persuh